Que enorme placer descubrir el lenguaje de los olores. Después de insertar por primera vez mi nariz en el vaso, con vino, se abrió para mí una orgía, una sinfonía, imposible discernir los olores entremezclados, unos más presumidos que otros destacando desde el principio, otros quizás con menos interés en ser descubiertos, se camuflan.
Con franqueza, me fascina este nuevo universo. Un nuevo lenguaje entra en juego, emocionante, de momento me acercaré a él como un alumno primerizo, empezando por el nuevo vocabulario.
Sin duda aparecen olores netamente reconocibles, quizás podríamos apuntarlos como nuevas unidades de sentido ¿palabras? Quizás, más adelante, halle una sintaxis, quien sabe, dicen que los olores se potencian los unos a los otros si se saltean consecutivamente. Reconozco que estas “transubstanciaciones lingüísticas”, aunque tentadoras, cada vez me convencen menos, enturbian, las abandonaré cuanto antes.
Quizás podría pensar en estos olores como en una pieza musical. Pero no. Una pieza musical se construye en el tiempo, notas (o acordes) unas después de otras en una secuencia con sentido… musical. El olor se percibe todo al mismo tiempo, simultáneamente, no hay lugar, entonces, para el símil.
¿Es como una imagen? Esta se presenta simultáneamente, de golpe, sin duda. Aunque existe la composición espacial como generadora de sentido, algo que no encontramos en los olores. La “transubstanciación visual” tampoco sirve.
El cine siendo una síntesis de las dos anteriores tampoco ayuda.
Me dejaré ya de sinéstesis, aunque me guste pensar que el olor habla el idioma de los recuerdos. Este se expresa a su manera, con un lenguaje que le es propio, indisociable, habrá que pararse, entonces, a olerlo.
Os invito a pararos.
El menos común de los sentidos
jueves, 10 de enero de 2008
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3 comentarios:
Está usted muy poético, señor Andante. Los efluvios "vesubianos" -o más bien etnanianos- del caldo rojo alteran sentidos -o quizás los pongan en valor, juasjuas.
Interesantes contactos del pasado, a través del Facebook, por cierto. Anímese, señor Andante. Hágase uno. Utilizado con inteligencia, es otra herramienta poderosa.
Intento huir de la plaga de electoralitis tertuliana. Ya tengo una cuenta de facebook aunque no la uso, ya me lo miraré.
Hay una aplicación en Facebook llamada iLike que es la pasada. Mi vieja amiga A. Von Bappleheim me la ha hecho descubrir, jasjas. Lo dicho; la pasada.
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