
Una pregunta de respuesta obvia si se interpreta de forma literal.
¿Dónde queda la imagen del periodista después de un "debate" como el que presenciamos el pasado lunes a través de la academia de la televisión?
El pasado lunes la palabra "mentira" voló a diestro y siniestro mientras transcurría la discusión. Ambos participantes se la restregaron por la cara a su oponente. Mientras tanto, el espectador "palplantat" frente al televisor, aturdido. En el "debate" del lunes hubo un tercer participante, aunque bastante insignificante, el moderador (un periodista). Figura, por cierto, bastante ridícula, por su futilidad.
¿Acaso sirve para algo?
Si analizamos un poco los formalismos de un debate, no tardamos en darnos cuenta a quién representa el moderador. Sí, efectivamente, nos representa a nosotros votantelevidentes (perdón). Por eso, este suele estar siempre situado en cualquier punto de la mediatriz que separa la posición ambos candidatos, porque simboliza la equidistancia, la misma equidistancia que también mantiene el espectador... pasivo. Pues que pena de periodista, que despilfarro de profesional, por mí podría haber sido hasta mi prima.
¿Que ha pasado entonces con esta figura? ¿Dónde ha quedado su papel?
Esta es la imagen, para mí, del fracaso del papel del periodista.
Por un lado, unos profesionales, los periodistas, de unos medios ya tan abiertamente polarizados por sendos intereses políticos, empresariales y financieros que para nadie representan ya (todo el mundo parece aceptarlo sin discusión) la figura de objetividad que antaño representaban. Sólo se les ve como portaestandartes de las diversas sensibilidades políticas de este país (viviendo todos de sus respectivos botes). Por eso, ya nadie les pide que participen activamente en los debates -¡y a nadie le extraña!-, contrastando los datos que ofrecen los candidatos, matizando sus afirmaciones, dinamizando el debate con preguntas incómodas, etc.
Sin esa figura el debate se convierte en un aburrido baile de datos y afirmaciones difíciles de probar al momento, que circulan tristemente casi como meros artificios dialécticos ("macguffins" estadísticos), y casi desligados ya de cualquier realidad auditada o comprobable.
Al otro lado del tubo catódico, el espectador crítico, se aburre.
Propongo pues (y sin ánimo de contradecir mi apodo) sustituir la imagen del moderador por la de un excitador.
1 comentario:
Un excitador! como si lo necesitaran!
Sino, efectivamente, he vuelto a leer la prensa española estos días, de todas sensibilidades, y me ha impresionado la parcialidad que exhiben todos orgullosamente.
Ya sé que la objetividad es un mito, pero es que en España, ya, ni disimulan!
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